LO DE COURTOIS NO ES UN MILAGRO

La poderosa victoria del Real Madrid frente al Manchester City comenzó y acabó en Courtois, pasando por Valverde. Entre su asistencia al uruguayo en el 1-0 cuando el equipo blanco más comprometido estaba y su intervención salvadora ante O’Reilly después del error de Thiago Pitarch hay un hilo conductor: el trabajo diario y la autoexigencia personal. En Courtois nada es casualidad, aunque haya un empeño en vincularle siempre con el concepto de milagro.

El impacto del portero belga en la construcción ofensiva del Real Madrid se ha disparado. Esta realidad viene de tiempo atrás, se proyectó todavía más con Xabi Alonso por cómo el tolosarra entendía la génesis del juego y ha calado también en esta etapa de Arbeloa. Solo así se explica que el actual entrenador blanco confiara en su desplazamiento en largo para sortear la presión individual de Guardiola en los reinicios de las jugadas y ordenara que buscara siempre que pudiera a Valverde. Los datos, a veces mentirosos, otras elocuentes, reparan rápidamente en este mandato desde el banquillo. Courtois dio diez pases en largo, de los 17 que intentó en total, al futbolista charrúa.